OCÉANO DE ARENA, 2022-2026
La gramita DSC_9438

Navegar el cielo. Áncash, 2022

Web Paisaje día DSC_7616

Desierto os digo. Áncash, 2023

Web Caballo DSC_7607

Paso de montaña. Huaral, 2023

Vidriería David frontal DSC_9349

Vidriería David. Áncash, 2022

Chankillo desierto DSC_9374

Astronomía. Áncash, 2022

Chankillo fortaleza DSC_9364

Los momentos del poder. Áncash, 2022

Test choza DSC_2518

Tejer el desierto. Moquegua, 2026

La fuerza del destino DSC_7944

La fuerza desconocida. Áncash, 2023

Complejo Las Aldas DSC_9593

Rastro para un tipo de futuro. Áncash, 2022

Cerro y choclos DSC_0480

Tendal. Áncash, 2024

Gruta borde naranja DSC_7964

Cuando te haga falta. Áncash, 2023

Web Paisaje con humo cut DSC_7810

La condición ancestral. Áncash, 2023

Imágenes que abordan la costa peruana, territorio austero donde también florecieron culturas prehispánicas en su desierto. La cantidad de arena es proporcional al silencio que la habita, como en su contraparte que se extiende al frente: el mar. El desierto y el mar son ecosistemas complementarios que proveen la subsistencia de las especies, con la autonomía de una naturaleza que no requiere ser labrada, sino conservada. Desde el Perú antiguo, convivieron flora, fauna y humanidad adaptadas a la extrema aridez, interpretando los ciclos de la naturaleza mediante ritos de cosmovisión. El artista Jorge Eduardo Eielson escribiría: «Solo más tarde comprendería que esa misma arena —siempre hollada por la planta de mis pies y mis versos de niño— era también un inmenso lienzo tendido sobre la faz dorada de mis antepasados».

Aquella geografía plástica contiene movimiento: el del viento, el del viento que empuja al tiempo, el del tiempo que empuja a los hombres.

Sandro Aguilar